Respetar la singularidad de cada niño

Publicado el 1 abril 2010
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Cada padre o educador suele desear lo mejor para los niños que tiene a su cargo, y a veces este afán de lograr que lleguen a ser buenas personas, competentes, sociables… puede complicar las cosas. Un padre, por ejemplo, puede soñar con que su hijo se muestre avispado, abierto y comunicativo, y que se atreva incluso a hablar o actuar en un escenario, pero el niño puede mostrar una tendencia a vivir las cosas más hacia adentro y a sentirse más bien intimidado ante ciertas situaciones sociales. Esto no significa que sea mejor o peor, sólo que quizás es diferente a lo que se esperaba de él.

Llegar a respetar la singularidad de cada niño implica, entre otras cosas, que los adultos que le rodean, y especialmente los padres, sepan revisar las expectativas que tienen respecto a él, para discernir cuáles son acordes con su esencia y sus capacidades y cuáles tienen más que ver con lo que ellos desean o incluso hubieran querido para sí.

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